Para que no se diga que en este blog no hay culturilla, os vamos a contar la leyenda japonesa de los tres monos místicos. Estos tres monos habían sido enviados por los dioses para delatar las malas acciones de los hombres y luego poder actuar en consecuencia.

El primero de los monos se llamaba Garzonzaru, y se hacía pasar por sordo ya que no quería meterse en problemas con los malhechores y no quería oir a nadie cometer delitos. Cuando veía algo sospechoso salía del paso con declaraciones ambiguas y se lavaba las manos preguntándole al siguiente mono.

El segundo mono se llamaba Mesquidazaru y cuando Garzonzaru le pasaba el marrón, Mesquidazaru se tapaba los ojos ante las evidencias para no ver la mala acción y por mucho que sus monitos le contaban de las fechorías de los malvados, antes de actuar consultaba con el líder de los tres.

El tercer mono, que se llamaba Zapatezaru, era el más místico (al menos eso se creía él). Estaba encargado de transmitir a los dioses las malas acciones, pero cuando llegaba el momento de reunirse con éstos se iba de viaje. Por mucho que los dioses le apretaban las tuercas para saber la verdad, Zapatezaru no soltaba ni prenda. Y es que el muy místico ya había negociado con los malhechores para no delatarles a cambio de su apoyo para perpetuarse en su puesto de enviado de los dioses.

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