Recuperamos un reportaje de Minuto Digital de enero de 2006 sobre este caradura militante comunista que que se gana(muy bien por cierto) la vida haciendo comunicados en nombre de su ONG virtual y difamando a todo aquel que nombre la unidad de España o se oponga a la inmigración masiva:

EL NEGOCIO DE LAS SUBVENCIONES DE ESTEBAN IBARRA Y EL MOVIMIENTO CONTRA LA INTOLERANCIA

 

El Movimiento contra la Intolerancia, anteriormente denominado Jóvenes Contra la Intolerancia, y presidido por Esteban Ibarra se ha especializado en el cobro de subvenciones de todo tipo, pese a carecer de una red de asociados que le permita una presencia más allá de los medios de comunicación. Se calcula que a lo largo del año 2004 percibió más de 30 millones de las antiguas pesetas en subvenciones de diferentes organismos públicos, entre los que se encuentran desde Ministerios hasta ayuntamientos. Esa cifra se multiplica hasta más de 150 millones a lo largo de los años que lleva funcionando. Pero ¿qué se oculta tras el Movimiento Contra la Intolerancia?

Jóvenes Contra la Intolerancia se organizó entre 1990 y 1991 tras el fracaso de la emisora de radio Onda Verde, situada en el madrileño barrio de Arganzuela, concretamente en la plaza de Luca de Tena. Onda Verde estaba dirigida por Esteban Ibarra, aunque en la práctica la persona que llevaba el día a día de la emisora, según ha podido saber Minuto Digital, era su mujer Monse. Estéban Ibarra había sido miembro del Partido Comunista de España Marxista Leninista PCE(ML), organización que tras disolverse se reconvirtió en la Convención Republicana de los Pueblos de España. Durante su militancia en estas organizaciones de la izquierda radical madrileña Esteban participó en la fundación de Onda Verde, con la imagen de una radio alternativa. Sin embargo desde el inicio Onda Verde, fue dirigida como un lugar destinado al proselitismo político para la extrema izquierda y a la obtención de fondos y subvenciones, hasta el punto de cobrar a quienes querían emitir por la emisora. Además el autoritarismo en la forma de manejar la emisora era tan evidente que internamente se hablaba de la existencia de una “monsecracia”, en clara alusión a la mujer de Esteban Ibarra.

A comienzos de los 90 varios compañeros de viaje de Esteban Ibarra de la época del PCE-ML, junto a este y su inseparable mujer creaban Jóvenes Contra la Intolerancia, fijando su sede operativa en el piso del madrileño barrio de Lavapiés en que vive la pareja. Según han manifestado a Minuto Digital personas cercanas a Ibarra, varias de las reuniones en que se dilucidaron como iba a ser la estrategia política de la asociación y su forma de desarrollo se mantuvieron en la antigua sede del PCE-ML situado en la calle Libertad, 7 de Madrid. Desde allí, se montó la asociación, que inicialmente se dedicaba exclusivamente a denunciar la violencia procedente de sus enemigos de la extrema derecha, temática que fue ampliando a lo largo de los años con el objetivo de ampliar la base de obtención de subvenciones.

Jóvenes Contra la Intolerancia pese a carecer de militancia real, se centraba en realizar informes con datos supuestamente relevantes sobre la existencia de grupos armados de extrema derecha, y apoyados por periodistas con pasados políticos similares que trabajaban en diferentes medios de comunicación, comenzaron a trabajar en clave de lobby. Es decir, prácticamente ninguna afiliación lo que hace que nadie debata la línea y la mayor presencia en medios de comunicación posible. Para ello, Esteban Ibarra como Presidente de Jóvenes Contra la Intolerancia siempre tuvo muy presente la importancia de los medios de comunicación y siempre ha sido una persona con una gran capacidad para generar titulares.

Ante la llegada al poder del Partido Popular y con ello la posibilidad de perder las cuantiosas subvenciones que recibía al estar excesivamente alineado a tesis identificadas con la izquierda, Esteban Ibarra decide dar un giro a Jóvenes Contra la Intolerancia. En primer lugar cambia el nombre de la asociación, que se transforma en Movimiento, sobre todo acuciado porque en todos los círculos juveniles y asociativos de la capital sonaba a chiste que una persona de más de 50 años fuera presidente de “Jóvenes” contra la intolerancia. En segundo lugar abandona casi totalmente una parte de su dialéctica contra la derecha y la extrema derecha y varía su discurso contra la violencia terrorista de ETA. Además comienza a presentarse ante temas a los que nunca había prestado atención, como la violencia doméstica. Como vemos, Ibarra tiene una clarividente capacidad para hablar siempre de aquellos temas que están en el candelero, y que por lo tanto le garantizan una presencia abundante en medios de comunicación. A su exiguo discurso hasta entonces Esteban Ibarra le añade temas de lo más diverso, como la homofobia, el maltrato infantil, derechos del pueblo gitano o la integración social de discapacitados. Incluso cambia su habitual indumentaria, abandonando el tradicional polo negro Lacoste y apareciendo con americana. Todo para demostrar su cambio ante las nuevas circunstancias políticas. Con ese cambio de imagen el PP le acepta como uno de los suyos hasta el extremo de otorgarle en 1998 la Medalla de Oro de la Comunidad de Madrid o nada menos que la Cruz de la Orden de Isabel La Católica en 1999 por parte del Ministerio de Asuntos Exteriores.

A partir de la llegada de nuevo del PSOE al gobierno tras el 11-M Estéban Ibarra vuelve a transformar de nuevo su imagen para volver a adaptarse a los tiempos del talante. De nuevo y ante el cambio de situación política reaparece en temas vinculados con la violencia de grupos de extrema derecha (caso Costa Polvoranca), la intolerancia religiosa hacia las minorías y especial la islámica o en informes sobre la violencia en los campos de fútbol. Incluso se le ha vuelto a ver en algún medio de comunicación con su famoso polo negro Lacoste.

Pero ¿porqué todo este ir y venir? El Movimiento Contra la Intolerancia es una cáscara vacía, sin más militancia que la de Ibarra, su mujer y un exiguo grupo de colaboradores de siempre a los que han unido a varios jóvenes llegados hasta allí por la vía del voluntariado, y por tanto sin estructura real ni sistemas de financiación más allá de las subvenciones otorgadas por administraciones públicas. Esa necesidad de financiación pública hace que esta asociación no realice actividades relevantes más allá que las relacionadas con presencia en medios de comunicación o en manifestaciones o actos a los que hay asegurada cobertura mediática. Los más de 150 millones de las antiguas pesetas cobrados en subvenciones por esta asociación a lo largo de su vida justifican los permanentes vaivenes y da una clara idea de lo que representa en realidad el Movimiento Contra la Intolerancia.

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